La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) estima
que la economía extremeña creció en el primer trimestre un 0,5%, menos que en
el mismo período del año pasado con un 1% y por debajo de la media nacional del
0,8% según el avance del INE. A pesar de esta ligera desaceleración del primer
trimestre, la economía regional se recupera, de hecho el BBVA prevé un
crecimiento del PIB de un 2,3% en 2016 y del 2,5% para 2017.
La política económica debe aprovechar la recuperación impulsando la
industrialización y la competitividad de la economía, ambas de manera sostenible.
En cuanto a la primera, según el INE, el Índice de Producción Industrial (IPI)
regional bajó un 5% interanual en marzo con una caída acumulada, en lo que va
de año, de un 10%. Esta falta de dinamismo industrial, se ha traducido en
cierre de empresas, como hemos visto en estos años de crisis. En cambio, la
competitividad de nuestra economía en el exterior parece no verse afectada (las
exportaciones en 2015 aumentaron un 4,3% interanual alcanzando los 1.720
millones de euros frente a las 1.045 millones de euros de las importaciones) por
varios motivos: uno, su carácter cíclico, se ajusta vía precio con bajadas de salarios
y destrucción de empleo industrial (según el IEEX, en la Región el número de
ocupados medio pasó de 40.000 trabajadores en 2010 a 37.000 en 2015); dos,
la depreciación del euro hasta diciembre de 2015 hizo ganar cuota de mercado; y
tercero, nuestra especialización exportadora en Alimentación hace que productos
con bajo contenido tecnológico (los productos de las DOP extremeñas) se
conviertan en bienes de inversión, en la gama del cliente internacional, al dotarles
de un alto valor añadido por “marca” difícil de imitar. En 2015, el sector
“Alimentos” significó el 58% de las exportaciones con unas ventas de 997
millones de euros, creciendo a una tasa del 12% interanual.
Pero empezamos a ver síntomas de agotamiento, en el primer
trimestre de 2016, las exportaciones disminuyeron un 11,3% interanual frente al
aumento de las importaciones en un 9,5% aunque, por el momento, la Región
presenta una balanza comercial positiva que permite que las ventas al exterior paguen
el 100% de las importaciones, como nos indica la tasa de cobertura comercial del
126% del primer trimestre.
En este sentido, la empresa extremeña si quiere continuar, en el
largo plazo, con su proceso de internacionalización con éxito debe ser más
competitiva, mejorar su productividad, pero no mediante la devaluación interna
(bajada de salarios) como hasta ahora, sino como el economista Kaldor defendía
en sus leyes del crecimiento económico, mediante la automatización de procesos
que provocan economías de escala, aumento de la producción y de la
productividad. También debe racionalizar los costes de producción que son la
causa de la pérdida de competitividad. Si analizamos las importaciones a marzo,
el 53% eran “bienes intermedios” (productos energéticos, materias primas,
semi-manufacturas y bienes de equipo), con un aumento del 11% interanual, que
nos indica que el problema de la caída de la competitividad de la empresa
extremeña en el exterior no está en el coste de la mano de obra.
Igualmente, la empresa extremeña debe hacer frente a todos los
cambios que la crisis ha provocado desde 2008 y que han afectado al entorno
económico, a los hábitos de consumo, a los procesos de producción y al fenómeno
de la deslocalización, que puede afectar a las filiales de multinacionales
instaladas en la Región. Por otro lado, la ventaja en los precios relativos,
que tenemos por el tipo de cambio, puede perderse debido a la previsible
igualdad del euro con el dólar en 2016, debido a la política monetaria
expansiva del BCE (para reactivar la economía y combatir los niveles bajos de
inflación) frente a la política restrictiva de la FED (con subidas graduales de
tipos de interés).
La solución de la empresa regional pasa por actuar sobre tres ejes:
innovación, digitalización y externalización de procesos.
Primero, la PYME se enfrenta al alto coste de la innovación y a la reducida
dimensión de la empresa (en 2014 el tejido industrial de Extremadura era
fundamentalmente micropymes ya que sólo 50 empresas contaban con más de 50
trabajadores, 26 con más de 100, 1 con más de 500 y ninguna con más de 1.000) así
como a la falta de liquidez provocada por la bajada de los ingresos (según el IEEX,
el Índice de Precios Industriales en marzo bajó un 2% interanual y el IPC en
abril un 1% interanual en la Región) y por el retraso en el pago por parte de
la administración regional a sus proveedores, actualmente la media es de 105
días. El economista Porter, afirma que las Pymes pueden solucionar el problema
de su dimensión y del alto coste de la innovación, con agrupaciones de empresas
(cluster), que permite obtener economías de escala sin fusionarse. Por otro
lado, la caída de los ingresos y los bajos precios puede solucionarse, en parte,
si la empresa deja de bajar salarios como forma de ganar competitividad.
Segundo, la digitalización o transformación digital ha cambiado la
manera en la que la empresa accede al mercado y se relaciona con su cliente,
que usa medios digitales para comprar y comunicarse. La empresa necesita modernizarse
y cambiar su modelo de negocio, para ello precisa nuevas herramientas para
segmentar mercados (CRM, ERP…), analizar datos masivos para adaptarse al
cliente final y reducir su exposición a impagos (Big Data), reducir costes en
la “supply chain” (mediante la conectividad entre empresas y sus proveedores que
acorta los procesos) y en la financiación (comisiones más bajas con las
plataformas “fintech” como PayPal). Un estudio realizado por la multinacional
SAP, entre más de 3.200 empresas en 11 países, ha revelado que las pymes
digitalizadas crecen más rápido que aquellas que no lo han hecho.
Y tercero, la Pyme debe implementar un modelo de producción
flexible, con la incorporación de servicios
externos que aumenten la productividad y aseguren la calidad ya que estas
empresas tienen un elevado componente tecnológico y un capital humano
especializado. Si extrapolamos los datos de los servicios a los servicios a
empresas, la terciarización en Extremadura, fue débil en la crisis. El
crecimiento de los servicios fue anti-cíclico, según el IEEX en el cuarto
trimestre de 2015 estos representaban el 64% del VAB total frente al 62% de 2008,
lo que explica que la empresa los incorporó para ser más competitiva al
estrecharse el mercado por la caída de la demanda.
La política industrial regional debe apoyar los tres ejes
anteriores en la Región con otras tres actuaciones. La primera con la figura
del Parque Tecnológico que revitaliza zonas con poca industria creando pymes y
oportunidades laborales (IBM instaló en 2006 su centro de innovación en Cáceres
que contaba con una plantilla de 380 trabajadores a comienzos de 2016).
Segundo, convirtiendo la empresa en el lugar de trabajo del investigador ya que,
en la actualidad, concentra su actividad en centros públicos, provocando
información asimétrica y falta de integración en la industria, que impide al
final la explotación comercial del resultado de la I+D. Y tercero, debe centrar
sus esfuerzos en los sectores industriales donde poseemos una ventaja
competitiva, “Alimentación, bebidas y tabaco” e “Industrias extractivas,
energía, agua y residuos” que según el IEEX, en 2014 concentraron más del 72%
de la facturación total del sector industrial y acapararon el 57% de los
empleos de la industria.
En conclusión, se debe favorecer la industrialización en la Región;
a nivel institucional, con la política económica, y a nivel empresarial, con su
modernización, que permita crear una base industrial sólida que siga generando
externalidades positivas (como la creación de nuevos empleos en los servicios a
empresas), y que sea el determinante de nuestra competitividad empresarial, para
ser menos vulnerables frente a futuras crisis.Publicado el 05/01/2017, en El Periódico de Extremadura.