jueves, 22 de septiembre de 2016

DÉFICIT 2016

El BBVA prevé que el crecimiento de la economía extremeña será de un 2,8% en 2016. Pero el problema es cómo reducir su déficit excesivo (1,1% del PIB en mayo), sin frenar la recuperación. No es probable que cumplamos el objetivo de déficit del Programa de Estabilidad 2016-2019 (-0,7% para 2016 y -0,5% para 2017), dada la desviación observada en lo que va de año.
En estos años, Extremadura ha presentado déficits (en 2015 de 2,6% del PIB) y ha puesto en marcha medidas para corregirlo: fijación de una cuantía de no disponibilidad del gasto (0,2% del PIB), retención de 40 millones de la deuda histórica, cierre del presupuesto de 2016 en agosto y reducción del gasto público. Pero la alta tasa de paro del 27% registrado en el segundo trimestre del año supone mantener el gasto, para evitar que afecte a la distribución de la renta (el gasto social es un estabilizador automático que ayuda a mantener la renta de la familia y su consumo), y aumentar los recursos destinados a coberturas sociales como la sanidad.
El déficit persistente de la región provoca acumulación de deuda pública (ha pasado del 18% en 2014 al 22,4% del PIB en el segundo trimestre del año) dándose lo que los economistas llaman la «trampa de la pobreza»: primero, se produce un aumento del gasto, por el pago de intereses adicionales ( en esta ocasión el FLA ha permitido un ahorro de unos 100 millones de euros en los últimos 4 años), segundo, este mayor esfuerzo de la región por emitir deuda y captar ahorro provoca que las agencias de rating no mejoren nuestra calificación (en grado de inversión) y, por último, los acreedores exigirán mayores intereses y esto hace que vuelva a aumentar el gasto.
Para resolver el problema del déficit regional debemos saber si se debe a causas estructurales (desajuste de ingresos y gastos) o al ciclo económico. Al no ser el déficit estructural un dato observable, intuitivamente, podemos ver la evolución de la brecha entre el crecimiento del PIB potencial y real de la región, una mayor brecha significa que prevalece el déficit estructural. La brecha creció desde 2013 y en 2015 la economía regional no recuperó su tasa de crecimiento potencial del 5% (si sumamos al crecimiento del PIB la productividad aparente del trabajo y la tasa de actividad). Luego, el déficit estructural implica que los ingresos no cubran la restricción presupuestaria del gobierno regional, y que los impuestos deban aumentar para corregir el desajuste fiscal.
Entonces, ¿cómo financiamos el déficit estructural? Aumentando la recaudación, con subida de impuestos propios o con cambios normativos en los cedidos, mejor que con mas deuda o recorte de gasto e inversión pública. Esto último provocaría una caída de la demanda interna y de los precios, no permitiéndonos salir de la inflación negativa tan perjudicial para las empresas.
La política fiscal restrictiva de subida de impuestos tendría efectos expansivos al aumentar los ingresos, mejora el balance fiscal, favorece las expectativas de la región, gana credibilidad ante acreedores y agencias de rating (mejorando las condiciones de financiación) y aumenta el consumo a medio plazo por su influencia sobre las expectativas del consumidor, ya que pensará que cuando se recupere el ciclo habrá una bajada de impuestos, por lo que no necesitaría ahorrar ahora para hacer frente a mayores impuestos en el futuro. El resultado final sería atracción de inversiones y creación de empleo.
Es el momento, el efecto negativo de una subida de impuestos sobre el consumo a corto plazo, se vería compensado por la política monetaria expansiva del BCE, que favorece el crédito a la familia, por la depreciación del euro, que favorece las exportaciones, y por la inflación negativa en la región (en agosto del -0,1%) que amortiguaría la traslación de la subida de los impuestos a los precios.
La política fiscal es esencial para la economía regional. Por una parte, el gasto social aumentará por el poco crecimiento de la población y su envejecimiento y, por otra, los ingresos disminuirán ante la perspectiva de disminución de fondos europeos por las futuras ampliaciones. En conclusión, debemos plantear una nueva planificación fiscal para encontrar nuevos recursos que minoren el impacto de estos factores en el crecimiento a largo plazo de la región.
Publicado en El Periódico de Extremadura el 22/09/2016: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/deficit-2016_962800.html
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miércoles, 13 de julio de 2016

COMPETITIVIDAD EMPRESARIAL Y CRECIMIENTO ECONÓMICO




La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) estima que la economía extremeña creció en el primer trimestre un 0,5%, menos que en el mismo período del año pasado con un 1% y por debajo de la media nacional del 0,8% según el avance del INE. A pesar de esta ligera desaceleración del primer trimestre, la economía regional se recupera, de hecho el BBVA prevé un crecimiento del PIB de un 2,3% en 2016 y del 2,5% para 2017.

La política económica debe aprovechar la recuperación impulsando la industrialización y la competitividad de la economía, ambas de manera sostenible. En cuanto a la primera, según el INE, el Índice de Producción Industrial (IPI) regional bajó un 5% interanual en marzo con una caída acumulada, en lo que va de año, de un 10%. Esta falta de dinamismo industrial, se ha traducido en cierre de empresas, como hemos visto en estos años de crisis. En cambio, la competitividad de nuestra economía en el exterior parece no verse afectada (las exportaciones en 2015 aumentaron un 4,3% interanual alcanzando los 1.720 millones de euros frente a las 1.045 millones de euros de las importaciones) por varios motivos: uno, su carácter cíclico, se ajusta vía precio con bajadas de salarios y destrucción de empleo industrial (según el IEEX, en la Región el número de ocupados medio pasó de 40.000 trabajadores en 2010 a 37.000 en 2015); dos, la depreciación del euro hasta diciembre de 2015 hizo ganar cuota de mercado; y tercero, nuestra especialización exportadora en Alimentación hace que productos con bajo contenido tecnológico (los productos de las DOP extremeñas) se conviertan en bienes de inversión, en la gama del cliente internacional, al dotarles de un alto valor añadido por “marca” difícil de imitar. En 2015, el sector “Alimentos” significó el 58% de las exportaciones con unas ventas de 997 millones de euros, creciendo a una tasa del 12% interanual.

Pero empezamos a ver síntomas de agotamiento, en el primer trimestre de 2016, las exportaciones disminuyeron un 11,3% interanual frente al aumento de las importaciones en un 9,5% aunque, por el momento, la Región presenta una balanza comercial positiva que permite que las ventas al exterior paguen el 100% de las importaciones, como nos indica la tasa de cobertura comercial del 126% del primer trimestre.

En este sentido, la empresa extremeña si quiere continuar, en el largo plazo, con su proceso de internacionalización con éxito debe ser más competitiva, mejorar su productividad, pero no mediante la devaluación interna (bajada de salarios) como hasta ahora, sino como el economista Kaldor defendía en sus leyes del crecimiento económico, mediante la automatización de procesos que provocan economías de escala, aumento de la producción y de la productividad. También debe racionalizar los costes de producción que son la causa de la pérdida de competitividad. Si analizamos las importaciones a marzo, el 53% eran “bienes intermedios” (productos energéticos, materias primas, semi-manufacturas y bienes de equipo), con un aumento del 11% interanual, que nos indica que el problema de la caída de la competitividad de la empresa extremeña en el exterior no está en el coste de la mano de obra.

Igualmente, la empresa extremeña debe hacer frente a todos los cambios que la crisis ha provocado desde 2008 y que han afectado al entorno económico, a los hábitos de consumo, a los procesos de producción y al fenómeno de la deslocalización, que puede afectar a las filiales de multinacionales instaladas en la Región. Por otro lado, la ventaja en los precios relativos, que tenemos por el tipo de cambio, puede perderse debido a la previsible igualdad del euro con el dólar en 2016, debido a la política monetaria expansiva del BCE (para reactivar la economía y combatir los niveles bajos de inflación) frente a la política restrictiva de la FED (con subidas graduales de tipos de interés).
La solución de la empresa regional pasa por actuar sobre tres ejes: innovación, digitalización y externalización de procesos.
Primero, la PYME se enfrenta al alto coste de la innovación y a la reducida dimensión de la empresa (en 2014 el tejido industrial de Extremadura era fundamentalmente micropymes ya que sólo 50 empresas contaban con más de 50 trabajadores, 26 con más de 100, 1 con más de 500 y ninguna con más de 1.000) así como a la falta de liquidez provocada por la bajada de los ingresos (según el IEEX, el Índice de Precios Industriales en marzo bajó un 2% interanual y el IPC en abril un 1% interanual en la Región) y por el retraso en el pago por parte de la administración regional a sus proveedores, actualmente la media es de 105 días. El economista Porter, afirma que las Pymes pueden solucionar el problema de su dimensión y del alto coste de la innovación, con agrupaciones de empresas (cluster), que permite obtener economías de escala sin fusionarse. Por otro lado, la caída de los ingresos y los bajos precios puede solucionarse, en parte, si la empresa deja de bajar salarios como forma de ganar competitividad.
Segundo, la digitalización o transformación digital ha cambiado la manera en la que la empresa accede al mercado y se relaciona con su cliente, que usa medios digitales para comprar y comunicarse. La empresa necesita modernizarse y cambiar su modelo de negocio, para ello precisa nuevas herramientas para segmentar mercados (CRM, ERP…), analizar datos masivos para adaptarse al cliente final y reducir su exposición a impagos (Big Data), reducir costes en la “supply chain” (mediante la conectividad entre empresas y sus proveedores que acorta los procesos) y en la financiación (comisiones más bajas con las plataformas “fintech” como PayPal). Un estudio realizado por la multinacional SAP, entre más de 3.200 empresas en 11 países, ha revelado que las pymes digitalizadas crecen más rápido que aquellas que no lo han hecho.
Y tercero, la Pyme debe implementar un modelo de producción flexible, con la  incorporación de servicios externos que aumenten la productividad y aseguren la calidad ya que estas empresas tienen un elevado componente tecnológico y un capital humano especializado. Si extrapolamos los datos de los servicios a los servicios a empresas, la terciarización en Extremadura, fue débil en la crisis. El crecimiento de los servicios fue anti-cíclico, según el IEEX en el cuarto trimestre de 2015 estos representaban el 64% del VAB total frente al 62% de 2008, lo que explica que la empresa los incorporó para ser más competitiva al estrecharse el mercado por la caída de la demanda.
La política industrial regional debe apoyar los tres ejes anteriores en la Región con otras tres actuaciones. La primera con la figura del Parque Tecnológico que revitaliza zonas con poca industria creando pymes y oportunidades laborales (IBM instaló en 2006 su centro de innovación en Cáceres que contaba con una plantilla de 380 trabajadores a comienzos de 2016). Segundo, convirtiendo la empresa en el lugar de trabajo del investigador ya que, en la actualidad, concentra su actividad en centros públicos, provocando información asimétrica y falta de integración en la industria, que impide al final la explotación comercial del resultado de la I+D. Y tercero, debe centrar sus esfuerzos en los sectores industriales donde poseemos una ventaja competitiva, “Alimentación, bebidas y tabaco” e “Industrias extractivas, energía, agua y residuos” que según el IEEX, en 2014 concentraron más del 72% de la facturación total del sector industrial y acapararon el 57% de los empleos de la industria.
En conclusión, se debe favorecer la industrialización en la Región; a nivel institucional, con la política económica, y a nivel empresarial, con su modernización, que permita crear una base industrial sólida que siga generando externalidades positivas (como la creación de nuevos empleos en los servicios a empresas), y que sea el determinante de nuestra competitividad empresarial, para ser menos vulnerables frente a futuras crisis.

Publicado el 05/01/2017, en El Periódico de Extremadura.
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lunes, 15 de febrero de 2016

ECONOMIA REGIONAL Y CRECIMIENTO ECONOMICO

El Centro de Predicción Económica estima que el PIB regional crecerá un 3,7% en el 2015, un 0,7% más de lo previsto para la economía española. Pero este dato no asegura que el paro se reduzca sin crear tensiones en la economía. La economía regional debería crecer a su tasa potencial (aquella que usa todos sus factores de producción y permite reducir el paro a un nivel socialmente aceptable sin elevar los precios) ya que un crecimiento inferior no crearía empleo y uno superior produciría un recalentamiento de la economía.
De manera muy simple se podría estimar la tasa de crecimiento del PIB potencial regional en el 2,5% anual como la suma de la tasa de actividad y productividad aparente del trabajo en los últimos 10 años.
El crecimiento del PIB regional depende de factores exógenos (bajo precio del petróleo que favorece a empresas, al bajar sus costes, y a familias, al aumentar su renta, apoyando en definitiva el consumo y la demanda interna), coyunturales (depreciación del euro que abarata las exportaciones apoyando la demanda externa) y endógenos (mayor competitividad y política fiscal expansiva con recorte de impuestos), que nos mantienen en la senda de crecimiento. A pesar de ser una economía intensiva en mano de obra y asumiendo que el salario es un coste importante de producción para la empresa, nuestra economía es competitiva y tiene la capacidad de crear empleo gracias a ajustes que han corregido a la baja los costes laborales en estos años: incorporación de progreso técnico (vía productividad que ha destruido empleo) y devaluación interna (vía precios por la bajada de salario y la reforma laboral) que ha supuesto pérdida de poder adquisitivo y cierre de empresas al caer el consumo. En este sentido, el el Instituto de Estadística de Extremadura publicó el coste laboral total del tercer trimestre de 2015 en 2.008 euros trabajador/mes (la más baja del país y con una tasa del -0,3% interanual) que se sitúa por debajo de la media nacional de 2.456 euros la cual aumenta en un 0,3%. De los 2.008 euros, el 73% corresponde a salarios (1.465 euros) e igualmente está por debajo de la media nacional de 1.810 euros.
En 2016, la economía extremeña seguirá creciendo por encima del PIB potencial aumentando empleo e inflación que nos alejará del fantasma de la deflación (el IPC regional cerró 2015 con una inflación de -0,3%) y provocará que parte del aumento del PIB en términos monetarios sea ficticio por la subida de los precios aunque sin provocar graves distorsiones. La actual política inflacionista del BCE con expansión cuantitativa y la inflación generada por la depreciación del euro se ve compensada por la bajada del precio del petróleo.
Debemos seguir creciendo por encima del PIB potencial al tener una situación de bajos precios. Los economistas keynesianos abogarían por un aumento del gasto público, pero Extremadura no tiene margen para gastar más ya que su déficit se situaba en noviembre en el 1,88% del PIB regional y con una previsión de cierre para el 2015 del 2,99% (el objetivo de déficit es 0,7%). En principio, según el economista Samuelson , mayor crecimiento provocará nuevas inversiones a través del acelerador que a su vez provocará crecimiento de la demanda agregada y de la producción vía multiplicador por lo que con la actual tasa de paro y crecimiento no sería necesario incurrir en un mayor déficit.
La política económica debe reorientar el modelo de crecimiento hacia la exportación, mejorar nuestra capacidad productiva en los sectores internacionalmente más competitivos y aumentar su dimensión empresarial para mantener tasas de crecimiento del PIB real del 4% como en 2015. A noviembre de 2015, las exportaciones extremeñas fueron de 1.591 millones de euros (+3,9% interanual) mientras que las importaciones fueron de 935 millones de euros (+4,9% interanual). De las cuales, el 25% correspondía a bienes de equipo (+23% interanual) con crecimientos en materias primas (32%) y semimanufacturas (16%). Este sesgo de la importación expresa la modernización de la estructura productiva que a medio plazo reforzara la competitividad de nuestra economía.
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