Según el dato adelantado del Banco de España, en el primer trimestre del año la economía se contraerá un 0,4%, lo que supone la entrada en recesión técnica al presentar dos trimestres consecutivos de crecimiento del PIB negativos. A la espera del dato definitivo del INE para finales de abril, parece ser que es un dato mejor de lo esperado ya que la estimación de las cajas de ahorro (Funcas) para el primer trimestre es una caída del 0,6%, del 0,5% para el segundo, del 0,3% para el tercero y un estancamiento en el cuarto mientras que el FMI pronostica una contracción del 1,8% para el 2012.
El origen de esta crisis todos lo sabemos y está en la burbuja inmobiliaria de los últimos años. Basta un ejemplo, según el Ministerio de la Vivienda en 2006 se alcanzó la cifra récord de más de 800.000 viviendas construidas en España, superando a la suma de las construidas en Alemania, Francia y Reino Unido juntas. Este ritmo lejos de bajar los precios provocó su aumento. Así, según datos del mismo ministerio, los precios de la vivienda libre subieron un 9,1%, tres veces por encima de la inflación en ese año. La economía estaba profundamente ligada a la vivienda, por un lado la construcción de nuevas casas, la compra de elementos para equiparlas y, lo más grave, con préstamos sobre la vivienda para financiar el consumo: vacaciones, coches nuevos..., es decir, un nivel de vida muy por encima de nuestras posibilidades.
Esta situación estaba alimentada por unos bajos tipos de interés, un mercado laboral que empleaba a una gran cantidad de mano de obra en la construcción y unos bancos y cajas de ahorro que no ponían ningún impedimento para conceder hipotecas con un alto riesgo que luego eran titularizadas y vendidas (el colmo de esta situación es que nos imponían unos altos costes y suelos en las hipotecas a pesar de obtener beneficios con ellas). Todo esto unido a un mercado no regulado por los políticos que veían en esta burbuja inmobiliaria un medio para el desarrollo económico de sus regiones que les proporcionaba rédito político.
Hoy, cinco años después del estallido de la burbuja, continuamos pagando las consecuencias: recesión, rumores de rescate de España, problemas de financiación del Estado con el aumento de la prima de riesgo, bancos y cajas muy débiles con necesidades de capital y con miles de viviendas en sus balances, un déficit del Estado del 8,5% en 2011 y una tasa de paro que continúa creciendo. Esta semana el Gobierno valenciano ha anunciado que despedirá a más de 5.000 trabajadores de sus empresas públicas, que han provocado que según el Banco de España entremos en recesión principalmente por la caída de la demanda nacional en cerca de nueve décimas.
¿Qué se puede hacer al respecto? Actualmente existe un debate sobre el camino a seguir: por un lado las medidas defendidas por EEUU con una política monetaria y fiscal expansiva que mantienen unos bajos tipos de interés del 0-0,25% y la aprobación por ley del aumento del techo de gasto, que evitó el default del país el año pasado frente a la austeridad y los ajustes en Europa y en España que ha provocado la dimisión del Gobierno de Holanda, el auge del nacionalismo --como hemos visto en las elecciones francesas con el avance del partido de la extrema derecha de Marine Le Pen -- y, aquí en España, subida de impuestos, una reforma laboral con su huelga general, recortes en los Presupuestos de sanidad y educación y una amnistía fiscal para atraer dinero negro.
En mi opinión, los políticos y los economistas han vivido concentrados en erradicar los problemas en el corto plazo como contener la inflación y el desempleo mediante variaciones en los impuestos, fomento del consumo y del gasto público a pesar que estaban poniendo en peligro el modelo económico en el largo plazo.
Desafortunadamente creo que los ajustes emprendidos son necesarios ya que debemos volver al equilibrio presupuestario para generar confianza y lograr financiación más barata, en este sentido el pacto fiscal firmado por todos los miembros de la UE (menos británicos y checos) por el cual se comprometen a incorporar en sus legislaciones la regla de oro que limita el déficit al 0,5% del PIB es un gran paso. Pero sobre todo debemos olvidarnos del consumo como base de nuestro desarrollo económico y crear incentivos bajando impuestos para crear empleo y beneficios empresariales que generen capitales para la innovación que aumenten la productividad y, por consiguiente, el crecimiento económico.
Por otro lado, necesitamos que la UE apruebe la emisión de los eurobonos que permita a los países periféricos como España o Italia, colocar su deuda sin problemas al estar avalada por todos los Estados miembros de la UE ya que el rescate de alguno de estos dos países pondría en peligro la recuperación económica en Europa mediante una disminución de la inversión para afectar más tarde al resto del mundo al disminuir las importaciones y es que Europa supone el 20% del PIB mundial.
Publicado en El Periódico de Extremadura el 30/04/2012: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/perspectiva-recesion_651203.html