martes, 30 de enero de 2018

POBREZA Y ECONOMÍA



Según la Encuesta de Condiciones de Vida 2016, la tasa de riesgo de pobreza en Extremadura fue del 30% de la población, ligeramente peor que en 2015 y superior a la media nacional del 22%. Significa que casi 327.000 personas estaban en riesgo de exclusión social con unos ingresos por debajo de 6.404 euros/año (el 60% de la renta mediana de Extremadura). Desde el 2010, la evolución ha sido positiva, ese año se alcanzó el 36% y ha ido disminuyendo, hasta la tasa actual del 30%, gracias a la buena marcha de la economía regional con un crecimiento medio en los 2 últimos años del 2,1%. Una tasa alta del 30% merma el crecimiento de la Región a largo plazo ya que deprime la demanda, provoca la deslocalización de mano de obra hacia otras CCAA con mayor renta per-cápita y acrecienta la despoblación que sufrimos (según previsiones del INE, la Región perderá un 4% en los próximos 10 años). Todo ello termina por restar atractivo a la llegada de nuevas inversiones.  


Para analizar el origen de la desigualdad en la Región la debemos descomponer en 2 tipos: la desigualdad primaria (el reparto de renta entre trabajo y capital) y la secundaria (la renta disponible por habitante después de impuestos y transferencias).

Las causas del aumento de la desigualdad primaria en la Región son varias: primera, la devaluación competitiva en la empresa, menores salarios, para ganar competitividad. La creación de empleo, por la buena marcha de la economía, permitió bajar el paro, del 36% en el primer trimestre de 2013 al 28% de 2016, y crear empleo a un menor coste (el coste laboral por trabajador del último trimestre de 2016 bajó un 2,3% interanual) que hizo que los salarios siguiesen siendo bajos (según el INE, el salario medio bruto mensual en la Región en 2016 fue 1.613 euros, el más bajo del país y en el mismo nivel que en 2010). Segunda, el aumento del trabajo temporal por la reforma de trabajo de 2012 (no puede ser que las horas trabajadas en 2016 sean inferiores a las de 2011 si se ha creado empleo). La temporalidad añade precariedad y hace que el ingreso marginal del trabajo sea bajo. Si eliminásemos el empleo temporal y se quedasen los trabajadores indefinidos, su antigüedad haría subir el coste laboral medio y los salarios. Y tercera, el flujo migratorio. El número de extranjeros bajó más de 5.600 personas de 2010 a 2016, la mayoría europeos y americanos, y aumentó el peso relativo de residentes de otras zonas, con menor renta per cápita que la extremeña, que presionó a la baja el salario medio al aceptar peores condiciones de trabajo. Al final, el trabajador soportó el coste de la crisis, la participación de la remuneración por asalariado en el PIB regional bajó del 48% en 2010 al 46% en 2016, que equivalió a transferir más de 400 millones de euros desde las rentas del trabajo a las empresas y autónomos.

En cuanto a la desigualdad secundaria en la Región, la renta disponible bajó un 11% de 2009 a 2014, alcanzando los 10.529 euros. Las causas son dos: una, la menor capacidad redistributiva del gobierno regional (vía impuestos y transferencias), con la Ley de Estabilidad Presupuestaria, como respuesta a la crisis, y sus objetivos de deuda, déficit (0% para 2020) y regla de gasto. Y dos, el aumento del coste de la vida acumuló un 2,3% tan solo en 2015 y 2016, situando el IPC en el 1,5% interanual en 2016, que minoró el poder adquisitivo, el consumo y la creación de empleo estable. Una senda ascendente de precios resta competitividad a la empresa siendo más difícil que oferte nuevos empleos. 
En mi opinión, el origen de la desigualdad y la pobreza en la Región está en la presión a la baja sobre los salarios, por lo que el gobierno regional debería, por un lado, desincentivar la temporalidad en sectores intensivos en mano de obra, como el turístico, e incentivar que el traspaso de rentas del trabajo a la empresa, del que hemos hablado, sea para financiar la inversión, y no para repartir beneficios, con el que se cree empleo y aumente su productividad de tal forma que adsorba la subida de salarios. A parte de aumentar los planes de empleo social y de continuar con la Ley de Medidas Extraordinarias contra la Exclusión Social que da acceso a la renta básica. 

Publicado en El Periódico de Extremadura el 21 de enero de 2018: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/extremadura/pobreza-economia_1066570.html
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jueves, 14 de septiembre de 2017

EL DÉFICIT Y LA DEUDA EN LA REGIÓN


Para bancos y servicios de estudios, las perspectivas de la economía regional son optimistas en 2017. El BBVA prevé un crecimiento del 2,6% y Funcas sitúa la tasa de paro en el 26,1% al final del año, buen dato si se compara con el 28,3% del año pasado o el 35,7% del primer trimestre de 2013. Desde el inicio de la recuperación, de los 66.000 empleos perdidos de 2008 a 2013, se recuperaron solo 18.000 en los dos años siguientes por la mayor competitividad de la empresa (sectores intensivos en mano de obra se automatizan, como es el caso del agroindustrial), es decir, en 2015 se produjo un 3% menos que en 2008 con un 12% de trabajadores menos. Por otro lado, la Región presenta desequilibrios en déficit y deuda pública.
En 2016, la Región redujo su déficit en un 1,2% del PIB, situado en el 1,6%, por un crecimiento del 2% en 2016 y a la liquidación de la financiación de 2014. A marzo de este año, se sitúo en el -0,45%, menor que el -0,78% del primer trimestre de 2016, pero sigue siendo elevado con escasa probabilidad de cumplir el objetivo del 0,6% según la Airef. La desaceleración del consumo (ventas minoristas bajaron un 1% interanual en julio), hará que baje la recaudación de los impuestos cedidos a la Región. La Junta, para bajar el déficit hasta el 0,6% en 2017, se basa en el control del gasto (los ingresos en el presupuesto aumentan solo un 0,3% con respecto al 2016) y en la buena marcha del ciclo económico.
Recuperar el equilibrio presupuestario es clave para garantizar el crecimiento (emitir deuda supone desviar fondos para pagar deuda e intereses, que equivale a una política fiscal restrictiva) y la sostenibilidad de la deuda. En el período de 2008 a 2013, el PIB se contrajo un -5,7% acumulado, que provocó que la deuda se triplicase, para continuar aumentando hasta 2016 (a pesar del crecimiento del PIB desde el 2014 y a la venta de inmuebles) y llegar al 27% en 2022 según la Airef. El déficit excesivo contribuyó a que, en el primer trimestre, la deuda aumentase en 164 millones con respecto al anterior trimestre (del 22,9% al 23,6% del PIB) y en 548 millones, comparado con el primer trimestre de 2016. También, la existencia de ahorro negativo (la diferencia entre ingresos y gastos corrientes), en el presupuesto de 2017, contribuirá a su aumento.
Debemos seguir creciendo, si para la Junta el comercio exterior es un motor del crecimiento, el saldo comercial positivo debe aumentar por exportaciones más competitivas vía precio. A junio, la zona euro recibió el 72% de la exportación, al no poder depreciar el euro, un nivel bajo de precios mejoraría la relación real de intercambio (índice de precios regional entre el del mercado objetivo), para la zona euro, y «depreciaría» (en términos reales) el euro para otros mercados.
El repunte de la inflación es clave en la bajada del saldo comercial positivo desde septiembre de 2015 (en 2016 las exportaciones bajaron un 2,2% con respecto al 2015 y las importaciones aumentaron un 2,6%). Desde ese mes, los precios no han parado de subir, para abandonar los valores negativos, hasta el 1,2% interanual en julio. De seguir, dificultaría el proceso de consolidación fiscal, provocaría un aumento de los salarios y el encarecimiento de nuestros bienes con respecto a los importados. Además, caería el consumo (por la bajada del salario real), afectando a la creación de empleo, y complicaría la emisión de deuda a bajo interés (aumentando el servicio de la deuda por mayores intereses), afectando al control del gasto. Si el BCE continúa con los estímulos, el exceso de liquidez anularía ese efecto, pero si normalizase la política monetaria, pararía inversiones reduciendo el ritmo de crecimiento.
En conclusión, de continuar los desequilibrios, la Región se expondría a factores exógenos para atender sus gastos corrientes y servicios públicos. Minimizarlos exige aumentar los ingresos acabando con la evasión y elusión fiscal y crear nuevos impuestos o aumentando los actuales ya que la sociedad demanda mejores servicios públicos (reducción de la lista de espera en sanidad), que implica que soportaría mayor presión fiscal a cambio de ello. Está claro que una tasa de ingresos públicos del 30% del PIB no es suficiente, pero ¿qué Gobierno estaría dispuesto a asumir el coste político de estas medidas tan impopulares?
Publicado en el El Periódico de Extremadura el 12/09/2017: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/deficit-deuda-region_1039067.html
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jueves, 23 de marzo de 2017

RETOS DE LA ECONOMIA REGIONAL


Preparar la economía regional para afrontar con éxito el crecimiento económico será el reto de los próximos años. El Gobierno Regional se fija en sectores clave como el turismo, la agroindustria y el sector energético. La situación a medio plazo es compleja, el Banco de España prevé que de 2020 a 2025 el crecimiento del PIB potencial nacional será solo del 1,2% anual. Transmitir una buena percepción de la economía regional no pasa solo por especializarnos en sectores clave, sino en sentar las bases del inicio de una senda de crecimiento basada en recuperar la competitividad, definida, por la OCDE, como la capacidad de exportar, que depende negativamente del IPC y del coste laboral por trabajador.
Extremadura corrigió el saldo comercial negativo del inicio de la crisis (--20 millones de euros en diciembre de 2009), gracias al ajuste de los costes laborales y los precios, que situó a la economía, siete años más tarde, en una posición más competitiva con un saldo comercial positivo de más de 36 millones de euros en diciembre de 2016. En este sentido, el coste laboral total por trabajador bajó de 2.307 euros en el último trimestre de 2009 a 2.185 euros del mismo trimestre de 2016, mientras que el IPC comenzó a bajar en octubre de 2012 y se mantuvo en terreno negativo de octubre de 2013 a septiembre de 2016. Aunque el coste que tuvo que pagar la economía regional, hasta beneficiarse del ajuste de precios, fue la destrucción de empleo. La tasa de paro llegó hasta su nivel más alto en el primer trimestre de 2013, un 36%, frente al 21% de finales de 2009, para bajar hasta el 28% actual.
La competitividad regional se enfrenta a una serie de retos. Primero, a la excesiva concentración de las exportaciones regionales. En 2016, el 85% de las exportaciones tuvieron como destino Europa. La CE prevé un débil crecimiento de la UE del 1,8% para 2017 y 2018 que generará una ligera contracción de la demanda interna de nuestros clientes europeo que se traduce en perspectivas de poco crecimiento de las ventas al exterior. Segundo, al previsible final de la política monetaria expansiva del BCE, al repuntar la inflación, que afectará negativamente a economías con altos niveles de deuda y déficit así como a ejecuciones de proyectos por parte de las empresas. Tercero, al fin del diferencial de inflación que teníamos con respecto a otras economías que provocará una apreciación del tipo de cambio real del euro encareciendo las exportaciones. Cuarto, a la menor contribución de las exportaciones al crecimiento del PIB regional por la poca apertura de nuestra economía (en torno al 16% del PIB). La depreciación del euro aumenta las exportaciones y disminuye las importaciones, mejorando nuestro saldo comercial, pero a corto plazo continuamos importando el mismo volumen de materias primas, por lo que su gasto aumenta (en 2016 aumentó un 20% interanual), luego el efecto final, son unas exportaciones netas menores. Quinto reto, la inversión aumentó poco en estos años debido al apalancamiento de las empresas, al bajo precio al que debían vender su producción y a la caída de los préstamos (según el BdE, a nivel nacional el 70% de las empresas vieron caer sus préstamos bancarios durante la crisis). Ahora, la vuelta a un IPC superior al 2% (en febrero fue del 2,8% interanual en la región), hará que los empresarios recorten sus márgenes, para no subir precios, por lo que habrá menos beneficio para reinvertir. Sexto, a la disminución de la población activa, que reducirá el PIB potencial, debido al envejecimiento demográfico (la población caerá en la región hasta un 6,1% hasta 2031), al fin de la incorporación de la mujer al mercado laboral y a las altas tasas de paro.
Por lo tanto, la política económica extremeña debe basarse en los próximos años en fomentar la productividad, que absorbería la subida de los precios de la energía y materias primas, fomentaría la inversión (no penalizando los márgenes empresariales), y compensaría la caída de la población activa. El problema demográfico se atajaría diseñando planes de empleo para atraer mano de obra de fuera y para reducir el paro estructural. Finalmente, un plan de internacionalización regional que reactive las exportaciones extremeñas hacia economías emergentes para paliar su escasa diversificación.
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lunes, 6 de marzo de 2017

UN NUEVO REPARTO DE LA RIQUEZA ENTRE POSEEDORES DEL NUEVO CAPITAL Y EL TRABAJO

La productividad ha sido tratada siempre por los economistas como un residuo en la función de producción junto con la aportación del capital y trabajo al crecimiento económico de un país. Pero ya sea de forma endógena o exógena acaba por explicar parte del mismo.

En estos tiempos, la automatización de procesos con la utilización de autómatas, contribuye a una mayor productividad en las empresas que implican mayor beneficio, estandarización de productos y una respuesta ágil ante los cambios del mercado. 


La parte negativa es la amortización de puestos de trabajo originando paro estructural. 


Bill Gates propone aplicar un impuesto sobre autómatas y destinar la recaudación al reciclaje de trabajadores y creación de empleos en sectores como salud y educación. 


Los empresarios ponen el grito en el cielo porque lastra sus beneficios y hace menos viable la inversión pero qué pasa con tanta gente que ve como pierde su trabajo por una máquina.


Es una paradoja que sea Gates quien proponga una tasa siendo empresario y precursor de la digitalización.


¿QUÉ PENSAIS?

En este enlace hay un interesante artículo "How to make robots pay their fair share"
 sobre este asunto tratado por The Economist.

http://www.economist.com/blogs/economist-explains/2017/03/economist-explains-1



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